Enviado el: 03/11/2012 09:54 por Orfeo
Christopher Hitchens no vivió ninguna epifanía. Hasta el último día siguió siendo el ateo deslenguado y escéptico que el mundo había conocido. Lo cuenta el propio Hitchens en Mortalidad (Mondadori, en traducción de Daniel Rodríguez Gascón), el libro en el que retrata su enfermedad, con luz y taquígrafos. Sin ahorrarse nada.
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