Enviado el: 30/11/2012 15:08 por Orfeo
Ocurriósele al bueno de Ramón y su esposa abrir un hostal en la primera planta de un edificio ilerdense. Peor aún se le pasó por la despoblada cabeza hacerlo según la ley y el orden indican para la seguridad de todos los ciudadanos. Aquello fue el acabose, el cielo se le vino encima. De una oficina a otra, de una cita previa a otra, de una ley a otra descubriendo que la ineptitud, el desconocimiento, la desidia, la malaleche (toda junta) y la tan común moda de ponerse a la defensiva eran insalvables. Risas, carcajadas, sonrisas y empatía, mucha empatía son los sentimientos que el lector recibirá a cambio de un puñado de euros bien gastados en una obra cercana, divertida y tristemente veraz.
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El secreto de la asistenta